La gratitud
- Swety Velaquez
- 8 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Por muchos años por no decir mi vida entera he escuchado lo grandioso que es ser agradecidos, pero jamás me había detenido a ver lo que Dios me mostro a través de una conversación con mi hijo Rafael. Tengo nietos y compartimos con frecuencias obviamente unos mas que otros. Pero compartimos y viendo la dinámica entre ellos mi hijo me dice “tú no te fijas que la gente dice gracias sin en verdad saber lo que está diciendo” yo sorprendida le dije ¿cómo así? Y me expresa lo siguiente: “las personas dicen gracias cuando se les pasa el pote de sal, aguantas una puerta, haces un favor y ect, pero ni tan siquiera te miran a la cara y no hay valor en la palabra gracias, es como si fuera parte de una necesidad fisiológica y listo” Sorprendida con lo que me dijo me tomé un momento para meditar hasta que fui a la presencia del Eterno y me sorprendió aun mas lo que
me mostro.
Siguiendo la línea que Rafael me venia hablando el Rujaj me hace entender que aun para lo espiritual es lo mismo, tomamos todo lo que tenemos y solo decimos gracias de los dientes para afuera o tal vez por la rutina de decir gracias o peor aun poque la cultura religiosa nos enseña a decir gracias. Que difícil es ser agradecidos cuando no entendemos los procesos y a veces nos escudamos de Jehová dio, Jehová quito sea el nombre de Jehová bendito y en el fondo del corazón no hay tal gratitud. Hay más preguntas que respuestas. Cuando abres una puerta te dicen “gracias” pero ni miran a los ojos y con el Eterno es igual decimos gracias sin siquiera abrir el corazón para tocar el suyo. Es como decir gracias sin mirar a los ojos.
La cultura americana hasta se toma un día del año para dar gracias y muchas veces decimos “gracias, Dios por la familia” aun cuando no se hablan, aun cuando todo el año hay rencor, chisme, contienda, enemistad y hasta envidia. Me dolía el corazón de imaginar como el Eterno se ha de sentir de ver como somos de ingratos, como no valoramos lo que nos da día con día, nos quejamos por el frio, por el calor, por el auto, por la iglesia, por la gente, por el trabajo y pretendemos después que todo nos vaya bien.
Podemos desarrollar la gratitud en la medida que trabajamos con nuestras emociones y espiritualidad en nuestras vidas. Cuando somos capaces de elevarnos de donde estamos para dar paso a un corazón con profunda gratitud al eterno y hacia los demás.
¿Cómo y cuándo podemos ser agradecidos?
En lo cotidiano: Cuando apreciamos cosas simples como el sol, una comida, o el simple hecho de respirar.
Ante los desafíos: Al recordar lo lejos que hemos llegado y las dificultades superadas, lo que nos hace valorar el presente y fortalece la resiliencia.
Al reconocer a otros: Valorando la bondad y las acciones de quienes nos rodean, lo que fortalece los vínculos sociales y la empatía.
De forma consciente: Haciendo un "inventario" de bendiciones, listando logros, personas especiales o momentos positivos para no olvidar lo afortunados que somos.
Cuando valoramos lo que tenemos: nos lleva a vivir no en el conformismo, si no en la plenitud que todo estará mejor. Donde estamos es nuestro punto de partida.
Beneficios de ser agradecidos:
Mejora la salud: Fortalece el sistema inmune, reduce el estrés y la ansiedad, y promueve la tranquilidad.
Aumenta la felicidad: Nos hace sentir más plenos, satisfechos y optimistas.
Fortalece relaciones: Crea vínculos más fuertes y una mejor comprensión con los demás.
Genera resiliencia: Nos ayuda a afrontar mejor los momentos difíciles y a encontrar luz en la oscuridad.
Nos abre puertas de oportunidades: No coloca en una posición de ensanchamiento en todos los sentidos tanto personal como espiritualmente.
Seamos agradecidos en todo tiempo, pero no por cultura sino por el profundo entendimiento de lo que encierra la palabra GRACIAS. Por su gracia somos salvos….
Bendiciones,
Neida Velazquez






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